Escrito por  2020-03-11

Las madres, maestras (I)

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Todos tenemos recuerdos y experiencias que el tiempo no podrá borrar. Recordaré una personal. Mi madre quería ser Maestra.

Mi madre quería ser Maestra. Fue su gran vocación. Y no pudo ser. Y tanta ilusión la suya era que, por casarse muy joven, mi padre muchos días la sorprendía jugando con sus muñecas. Tenía catorce con sus respectivas sillitas, y en filas las ponía impartiéndoles clase. Los tiempos, el campo y las distancias le impidieron ser Maestra. Pero, resignada, con desbordante entusiasmo, se volcó con sus tres hijos: mi hermana, Elena, universitaria, licenciada en Derecho con brillantes notas y profesional de la banca. Mi hermano, Nazario, enamorado del campo, del vino, almendras y abejas. La agricultura, su vida. Con mi madre, los tres, aprendimos las primeras letras. Con un refuerzo de maestro en bicicleta, que le pagaba en especie, en harina y aceite especialmente. En pleno campo está nuestra casa, "Casa Mosén", cerca de la única pedanía de Yecla, Raspay. Con montañas alicantinas en frente, donde crecen la flor azul del romero, la morada del cantueso y la amarilla de la retama. Más dos frondosas montañas, murcianas, con misteriosas cuevas, Sierras del Carche y Salinas, que ésta la cantara Azorín y Emilio Castelar la amara. La casa sigue sin luz eléctrica. Con el candil y capuchina muchas horas de lectura pasaban volando. Agotada la mecha de algodón o el aceite, ruidosas gotas de éste manchaban los libros. ¡Qué tiempos! Añoranzas.

Gracias a mi querido director y amigo, Bieito Rubido, con su entrañable Tercera sobre las Maestras, he revivido tiempos que no se pueden comparar con los que hoy gozan los niños. Las lecturas que me regaló mi madre, me llevaron a ser lo poco que soy ahora. Libros de poesía, "Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana", biografías, "Fábulas de Samaniego", "Los animales hablan", "Joyas Literarias" (Con 48 retratos), "Corazón" de Amicis y tebeos que pronto devoraba, Juan Centella, y Popeye. Y cuando teníamos visitas mi madre presumía de cómo yo recitaba poesías. Katy, mi adorada perrita, de un salto, se subía a la mesa para hacerme compañía. Qué pena no tener móviles entonces y guardar fotografías. Mis nietos las verían, pero no con la nitidez y los colores que yo, cerrando los ojos, las contemplo ahora.

Valgan esta letras para felicitar a mi hija Silvia en su cumpleaños. El 11 de marzo de un año que no recuerdo, Madrid estaba nevado. Ella vive en una ciudad que es arte y música, su Praga querida. Es Madre y Maestre de tres Niñas. Pudo impartir clases en la Universidad de Carlos, en inglés o en alemán; pero, primero, han sido sus ángeles; después, lo que Dios diga. Y con ella, quiero felicitar también a otras madres, amigas entrañables, que no cumplen años ni deberían tener en su honor un especial día. Madres y Maestras son todos los días. Y de sol a sol, que por las noches también son vigías. Y, por todas, recordaré a Ana Serrano Sancho-Álvarez, madrina de la Ciudad del Alzheimer Madre Teresa, que de sus trece hijos ha sido siempre Maestra. Y la mayor, de Madrid, Alcaldesa. Compaginando la equitación con el Mus femenino, dos años campeona de España. Y catorce años cuidadora ejemplar de su marido, el inolvidable y muy querido Ernesto Botella, enfermo de Alzheimer. A Monserrat Carreras Matas también admirada y querida, esposa de José Luis Gutiérrez, lectora, muy sensible y madre de un "equipo de fútbol", once hijos. Si las mujeres siguieran su ejemplo la crisis de natalidad en España sería historia. Por ser ella ángel silencioso en su casa, José Luis Gutiérrez ha podido escribir tan ingente obra. Y todavía no es Doctor Honoris Causa en una de las Universidades nuestras. Y también, con familia más que numerosa, Marta Carmona, que tiempo tiene, además de llevar dos casas, de seguir siendo Maestra, preparar Arte, Fe y Cultura, más Crónicas, Boletines y música, que con el violoncelo da conciertos en familias. El violoncelo es el instrumento que más semejanza guarda con la voz humana. Dulce es la suya. Las tres, y tantas otras, son Madres y Maestras. Con esas dos palabras se llena la boca.

Fraternal abrazo, Francisco.

Nota: El artículo sobre el valor de los libros se publicó en "El Cabezo-Pinosart", octubre 2008, pág. 22. En el próximo correo me ocuparé de unas maestras fuera de serie, la de las Escuelas Rurales de Málaga, "el gran milagro del cardenal Herrera" (Rafael Pineda).

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